Baile de vaqueras y regreso a Mérida

Capítulo 6, último.

Después de haber comido a las cuatro de la tarde, y cada vez mas obligados al mayordomo de Uxmal, que agregó a nuestros manjares una sabrosa cochinita que nos precipitó de gusto a chuparnos los dedos. Baile de vaqueras y regreso a Mérida. Salimos de esta hacienda para San José, a cuyo punto llegamos sin novedad a las ocho menos un minuto de la noche.

Viaje a Uxmal 1852
Baile de vaqueras y regreso a Mérida

Observamos que el norte no se había llevado nuestras lanchas terrestres, y que podíamos disponer viaje para regresar a Ticul al día siguiente. Bueno, dijimos para nuestros adentros. Bueno, bebamos chocolate, durmamos, que harto lo necesitan nuestras pobres máquinas, y descansemos.

   

A dormir

Eran las diez o las once de la noche, que en esto de la hora no pelearemos, cuando oímos un ruido que nos despertó.

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¿Si los gatos volverán a ser presa de los ratones? refunfuñamos. No era así, sino nuestros amigos el Jefe político de Ticul y Navarro, que llegaban a descansar un rato para continuar al pueblo de Muna, distante una legua de San José. Como había fiesta en el dicho pueblo, quisieron aquellos camaradas inquietarnos. Pero el cansancio nos tenia mas que quietos, de modo que los camaradas se fueron y nosotros nos quedamos.

¿ Habrá duda en esto?

Amaneció el día 20, y ya en los preparativos para acercarnos a Mérida por el mismo camino que llevamos, se va acercando nuestro franco y cordial amigo el Sr. D. Felipe Peón, a quien por estar ausente de Ticul no tuvimos el gusto de saludarle ahí. D. Felipe también iba a Muna, y por supuesta que nos invitó para la fiesta.

   

¿Qué cree el lector que hicimos? Que fuimos, no es verdad? Pues sí, señores, fuimos al instante, sin mas trabajo que mandar diesen media vuelta a las volantas y hacer (lo que siempre habíamos de hacer) algunas piruetas de gratitud al mayordomo de San José, que como todos, se esmeró en complacernos.

Llegamos a Muna

Daban las ocho de la mañana al tiempo mismo que por todo el pueblo de Muna circulaba la voz de que habían llegado cuatro anticuarios. Baile de vaqueras y regreso a Mérida. Nos apeamos en un establecimiento que tiene en la esquina de la plaza el Sr. D. Felipe. Y fue tal la atención que llamamos con el cuaderno de esta historia que uno de nosotros tenia en la diestra, que dio motivo a que el cacique de la fiesta dijese en lengua maya y con cierta gracia, que solo pudiera conocerse en su original: Ahí vienen esos señores con sus papeles, para escribir de nosotros.

No sin razón se expresó así el fingido cacique; y si bien entonces modestamente disimulamos, ahora es tiempo de cumplir aquel dicho. Vamos a hacerlo, aunque con ligereza, porque si al lector, por muy sufrido, no se le agota la paciencia, sepa que a nosotros ya nos subió de punto… Pero recobremos brío…. ¡ánimo, muchachos!!

Estaban de fiesta en Muna, vaquería, torneo de lazo

Estamos en Muna, lo que atestiguamos con todo el pueblo. Se celebra una fiestecilla de San… San… vamos, el Santo no viene al caso, pues la fiesta son los toros, los bailes y demás dengues y perendengues.

   

¡Esta sí que es la tierra de Dios! Nos constituimos en la plaza y empezamos a ver la vaquería. ¡Qué lazar de vaqueros, santo cielo! qué correr de caballos, San Tristeza!

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El cuento es que a las diez de la mañana se acabó el primer acto de las pantomimas preparadas para el día. A las doce se dio principio al chulo baile de las vaqueras, precedido de cierta liturgia no muy agradable para los hombres poco corridos. Pues eso de que los supuestos chiquerero y cacique, le hagan pagar a uno la contribución que no debe y que todo esto pase en medio de una gerigonza o logomáquia de bromas muy aborígenes, es argumento que no todos resuelven. Pero que nosotros, como gente de zambra y mas zambra, resolvimos con mucha zandunga y mucho acuel.

Baile de vaqueras y regreso a Mérida

El baile de las vaqueras estuvo a pedir de boca. ¡ Ay, qué recuerdos! Dónde estáis, oh Carolina!…. Oh, Xcat! y tú, zalamera Cábis! dónde estáis…?

De pensar en vosotras, lindas malagambas, se nos agua la boca!

¿No nos traéis otra jícara de fresco pozole? Cuánto de gratitud y de rendibur os volviéramos a tributar! Oh, recuerdos!!

Hechiceras vaqueritas

Esta jeremiaca, indicará al lector que nos gustaron las hechiceras vaqueritas, graciosamente vestidas. Y que nos hicieron beber, ellas mismas, personalísimamente, del pozole que en medio del baile deslieron con sus blancas y pulidas manos. Mas no hay en el día de quien fiarse.

   

Enamorados perdidos tres de nosotros de cierta vaquerilla, que suponíamos parecida a una de las leonas de Mérida o de Campeche (no estamos cuerdos de donde), lo olió el cuarto compañero. Baile de vaqueras y regreso a Mérida. Y sin consultarnos nuestro parecer, se apropincuó a la muchacha, sentándose a sus pies, haciéndola mil arrumacos, con lo que se arrebató las simpatías de nuestra muy querida y señora nuestra.

¡Qué infidencia! Ah! en castigo le damos al tal nuestro colega la pena de que él mismo trace estas líneas, que refieren su nefando pecado.

Corrida de toros

Sigamos la bulla de la fiesta. Concluido el baile, nos retiramos muy convidados para los toros de la tarde y el baile de la noche, en que no habría zorongo, ni jarabe, saca lo suyo ni degollete. Sino cuadrillas, polka, danzas etc. ¡ Y con Carolina! y con la Cábis! y con todas aquellas mismas de los sombreritos con flores… ¡La pasión nos consumía!!

Llegó la tarde y fuimos a los toros. Aquí nos confirmamos en la idea de que la tal barbaridad, si no puede desterrarse con un rasgo de pluma, sí puede modificarse para que vuestras costumbres, en vez de endurecernos el carácter, nos lo suavice, que es lo conveniente en toda tierra de garbanzos.

Lengua de toro con pan

¿Qué hubieran dicho ustedes al ver que muerto un toro en el palenque de la lidia, los lidiadores le arrancasen la lengua y se la comiesen como un pan bendito, haciendo gala de su cristiandad? Tal cosa presenciamos en Muna, y la trasladamos al gobierno, para que si no toma a mal nuestro consejo, vaya gubernativamente, como hace otras cosas, corrigiendo esos síntomas que quieren convertirnos en antropófagos.

Recordamos que lo mismo, mismito, pasó en Mérida en una fiesta de Santiago, siendo el comedor de la lengua del toro el que pocas horas antes había sembrado sacrílegamente el puñal en el corazón del virtuoso R. guardián de la Mejorada, Fr…. Loría. ¿Mas, para qué meternos en estas honduras? Eh! vamos al baile.

El baile

A las ocho de la noche nos presentamos muy gallardos y chisgurabis en el baile, que duró hasta las doce, y a que dimos tono quemando media gruesa de triquitraques al principio y fin. Tres de nosotros contradanceamos etc, menos uno que, por estar de luto, tuvo que arrinconarse tras del contrabajo, y a manera de director de la orquesta. Muy bien y chulamente pasamos el rato.

   

Como a la misma hora de las doce se nos antojó levantar el campo, el Sr. Peón, que nos cobijaba en su casa, se opuso, y no lo verificamos sino hasta el siguiente día, fecha 22. Baile de vaqueras y regreso a Mérida. Salimos por tanto de Muna el 22 a las seis de la mañana, sin queja contra nadie, y muy prendados y agradecidos del Sr. D. Felipe Peón, que es caballero que no habla sino con el corazón en la boca. A los amigos Machado y Navarro, también estamos agradecidos.

Salida de Muna

Se nos oye dar un quejumbroso adiós a Muna. Dejamos todavía la fiesta en candela, porque así lo quiere el Señor, y hágase su voluntad!

Es el caso, puesto que nada notablemente nuevo hemos de encontrar, es el caso de ocuparnos en pensar sobre la guerra de bárbaros que sufre el Estado. Vamos pensando, empiecen nuestras consideraciones.

Llegada de nuevo a la hacienda Uayalceh

Pero qué trabajoso nos es esto de las consideraciones! Supónganos el lector, que sin duda se va a compadecer de nosotros, considerando desde Muna hasta Ticul. Y desde la tarde que salimos de esta villa hasta las diez de la noche del referido día 22, que nos hospedó en Uayalquej nuestro complaciente amigo D. Francisco Fuentes. Resultó, por toda buena cuenta, que pasamos un día en consideraciones sobre la guerra de indios…

Rayó el día 23, y levantados para continuar viaje, nos encontramos en la hacienda con una de las jóvenes mas interesantes de Mérida, nacida de un tronco que nos es muy querido, y cuyos lindos gajos todos, son otros tantos florones de nuestra sociedad. Platicamos un poco con la jovial y virtuosa Enriqueta, quien había ido a acompañar a una hermana que, por su mal estado de salud, necesitaba respirar los aires del campo. Luego, como buenos fieles, oyendo llamar a misa en el oratorio, fuimos á rendir nuestras plegarias ante el que TODO LO PUEDE.

   

A la sazón ocurrió que se celebrasen cuatro matrimonios, y que diez o doce fuesen amonestados. En Uayalquej sí que se cumple moralmente con aquello de crescite el multiplicamine.

¡Y tres de nosotros solteros todavía! con barbas! ¡Pues de veras que somos gente dañina a la sociedad! Que nos emperegilen y emplumen en castigo. Pero esto lo han de hacer las cien mil hijas de Eva que diariamente nos vuelcan el seso!

Llegada a Mérida de regreso

Y salimos de Uayalquej muy contritos. Pasamos por frente a Tixcacal a las doce del día, hora en que los súbditos de S. M. C. estarían refrescándose en la pila o estanque. Baile de vaqueras y regreso a Mérida. Muy sucios y muy monos, dimos fondo en Mérida a las doce y media del día 23 de mayo, despidiéndonos los cuatro anticuarios aficionados, bajo el ceibo de San Cristóbal, con los versículos siguientes:

Pues que llegó la ocasión
de separarnos, amigos,
sean testigos
de mi triste situación
pero os dejo un corazón
que al mas cariñoso iguala;
voy a trabajar la escala
para el plano de la historia,
que nos dará tanta gloria
cual os aprecia, Zavala.

¡Compañeros garatusos!
basta de haraganería;
acabó la romería:
volvamos a nuestros usos.
Os pido en versos obtusos
disimuléis por favor
mis faltas de proveedor.
Ahora voy ¡pése al demonio!
a imitar a mi tío Antonio
Solís el historiador.

Dulce la vida resbala
si se viaja en compañía
de mis queridos García,
del buen Solís y Zavala,
¡Y qué tres! Nadie os iguala
en buen humor y apetito.
Siempre que haya un ranchito
de Medoc… queso de Holanda
contar podéis con Baranda
que os aprecia infinito
.

Bajo de este ceibo sombrío,
de vosotros, hoy me aparto:
a mis casillas me parto,
aunque bien a pesar mío.
Me apartaste de mi umbrío
genio, festivo Baranda…
anda con Zavala, anda….
y tú, gordito Solís,
travieso y chisgarabis,
Dios te dé una buena tanda…
de palos … Adiós! ay, adiós!

BARANDA — SOLIS BOLIO — ZAVALA — GARCIA.

FINIS HUJUS OPERIS. (El fin de esta obra)

APENDICE


Esta preciosa obrilla nadie podrá reimprimirla sin permiso del editor, á quien los autores dan poder amplio y bastante y cual por derecho se requiere, para perseguir ante la ley al que sin las formalidades debidas ataque nuestra propiedad.

Hasta aquí la transcripción de esta interesante crónica de viaje a las Ruinas de Uxmal de 1852.

   

Un poco acerca de los autores.

En el libro «Viajeros por el Mundo Maya» de la UNAM, 2015, editora Carolina Depetris, en el capítulo «Emanuel von Friedrichsthal: su encuentro con Mesoamérica y su descripción de Chichén Itzá«, escrito por Arturo Taracena y Arriola y Adam T. Sellen, menciona unos datos interesantes de esta crónicas que ha tenido oportunidad de leer antes. Baile de vaqueras y regreso a Mérida.

Lo que sucede es que en todo el folleto de la crónica, únicamente se menciona los apellidos de los cuatro jóvenes «anticuarios» y viajeros.

Pues bien, en el libro mencionado párrafos antes, menciona los nombres completos de ellos: «Sus autores parecen ser Pedro Baranda Quijano, Baltazar Solís Bolio, Francisco Zavala y José María García Morales

En una nota en ese mismo artículo menciona un poco más acerca de los autores: «José María García Morales había nacido en 1824 y en 1847 había sido redactor del Bullebulle. Los otros tres pertenecen a su generación y clase. Pedro Baranda Quijano también lo había hecho en 1824, mientras que José Francisco Zavala nació circa de 1826 y Baltazar Solís Bolio de 1823. Los cuatro permanecían solteros en 1852. Además, García Morales y Zavala fueron conocidos escritores yucatecos».

Por lo tanto, los autores, al momento del viaje, tenían una edad entre 26 y 29 años.

Queso de Holanda

Como pudo leer en las últimas estrofas de la crónica, se hace mención del «Queso de Holanda«: Muy probablemente se trata del delicioso e imprescindible para la cocina yucateca, el queso de bola.

Espero que esta crónica haya sido de su interés tanto como a mi.

Mérida, Yucatán a 11 de julio de 2026
CP Humberto Sánchez Baquedano

Excursión a Chichén Itzá 1928