Caminata de la Hacienda San José a Uxmal

Capítulo 4

Viaje a Uxmal 1852. Muy pechitiesos sobre nuestros esbeltos lebreles, que el famoso héroe de La Mancha llamara rocinantes, tomamos camino para llegar al objeto principal de nuestras trapisondas. Caminata de la Hacienda San José a Uxmal. Los primeros pasos los damos sirviéndonos de guía uno de los indios que cargan nuestras estomacales provisiones.

Caminata de la Hacienda San José a Uxmal

A poco trecho no hacemos caso del guía, lo dejamos atrás. Y como si no temiésemos un fracaso, marchamos impávidos de frente, como perro a bofe. La primera legua del camino es tan escabrosa como los agiotistas de nuevo cuño, en cuyas manos el que no cae resbala….

   

Las dos y media o tres restantes leguas hasta Uxmal, son un sí es no es buenas; y todo este camino ha sido despejado últimamente para conducir un trapiche de fierro para el rancho de caña que el industrioso D. Simón Peón tiene a inmediaciones de aquella su hacienda.

A cada momento nos reíamos unos de otros. De éste que hacía un gesto por sentirse averiado en el parte post, a causa de la poca o ninguna costumbre de montar a caballo del otro que se rascaba las narices porque un tábano le había arañado. De aquel que acortaba el ruar de su zandunguero morcillo, que quería tomar las de villadiego.

El canto de las chicharras

Del último en fin, que se tapaba los oídos para no escuchar mas los atolondradores calderones del canto de un cuento o bicuento o tricuento de chicharras, que à todos nos impidieron resollar durante este camino.

   

¡Ay, amigos! si oyerais la canción en coro de las tales chicharras, achicharrados quedaríais! Por mas que nos desgañotábamos gritando: diablillas, idos con la música a otra parte, nada! erre que erre nos siguieron la pista: nos chiflaron hasta Uxmal.

De buena gana las hubiéramos querido dignas de imitar el noble ejemplo de aquellos escritores, que según el son que les tocan bailan: que tienen sus ratos de silbar como balas de rifle, y sus horas de cantar dulce como la miel, diciendo: que Periquillo Sarniento (1), que les pareció maula en otro tiempo, no lo es, sino al contrario, un buen chico, ilustrado, amable, patriota, liberal comm’il faut. Caminata de la Hacienda San José a Uxmal. ¡Amigo íntimo del gobierno sobre todo! fiel y buen servidor suyo! Sea lo que fuere, bueno es dejarse de digresiones, y al grano.

Nota 1: El Periquillo Sarniento es la obra cumbre del escritor mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi, publicada por primera ocasión en 1816 durante la guerra de Independencia de México​ y considerada la primera novela hispanoamericana.​

   

Son las ocho de la mañana del día 20. El aire es fresco como la frescura de un ministro en faltar a la ley. Pasados dos minutos escuchamos el ladrido de un perro. Tres segundos después oímos que cacaraquea una gallina. Que algunos pavos hacen cloc…. cloc…. cloc….

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¡Albricias! ¡albricias! dijo retozando con su bucéfalo el que llevaba la delantera a los demás. Luego, percibimos una casa en alto.

Al fin, llegamos a Uxmal

¡Viva Uxmal! viva Uxmal! Enjaretamos todos, saltando de contentos.

He aquí Uxmal, niña de nuestros ojos, madre y señora nuestra, abogada de imposibles, refugio de los pecadores, ídolo de los ídolos y encanto nuestro desde el vientre de nuestras mamás.

   

Recíbenos ¡Oh, Uxmal! en tu seno, como a hijos amorosos que han dado muchas carreritas y volteretas por el gusto de abrazarte. ¡Oh, Uxmal! tú eres aquella perla que por primera vez caíste en el garlito de D. Lorenzo de Evia (nota 2) en enero de 1688.

Nota 2: ¿Acaso se referirá a Lorenzo López Evia quien fue periodista y sobresalió como humorista y narrador de costumbres? Al parecer no, ya que este personaje nació en Motul, Yucatán en 1862, 10 años después de esta publicación. Datos de FamilySearch.org

¿Te acuerdas? (¡Y cómo te maltrató el follón de D. Lorenzo para hacerte saber que era tu señor, y tú su esclava!)

Por cierto que no fue cosa lo de la toma de posesión! Supongan ustedes, carísimos lectores, al susodicho D. Evia gritando en los montes para meterles en la mollera que era amo de ellos, como si le hubiesen de negar la partida. Caminata de la Hacienda San José a Uxmal. Arrancando árboles, abriendo y cerrando puertas, sacando agua de la noria (unos apuntes viejos dejan en duda si también le dio vuelta), y en fin, tirando piedras como un loco. ¡Que antojo el del consabido D. Lorenzo de Evia!

   

La casa principal

Habiendo tocado a la casa principal, y no queriendo entrar antes de cumplir con nuestra visita a las ruinas, preguntamos por el mayordomo N. Ortiz, muchacho muy cabal y cariñoso, quien al momento y sin averiguar qué clase de leznas a pájaros veníamos siendo (bien que nuestro talante y pergeño lo anunciaba), dispuso que nuestros rocinantes fuesen conducidos a la caballeriza.

Entonces le hicimos entrego de una epístola la de recomendación, que no fue necesario leyese para seguir dispensándonos afablemente mil cuidados. Mas tarde sí, se impuso de su contenido.

   

Por primera partida pedimos al tal Ortiz un cicerone para penetrar hasta las ruinas que deseábamos escudriñar incontinenti, aunque el sol nos hiciera añicos.

Caminata de la Hacienda San José a Uxmal

Que nos preparen cochinita pibil o un pavo en kool

Por segunda partida le suplicamos que a las mismas ruinas endosara nuestras provisiones de boca, equipaje etc. Que mas tarde debían llegar, y por tercera y última le rogamos que para la hora de comer nos preparase un pavo en kool o una cochinita pibil, que volveríamos a enflautarnos uniéndola a los mendrugos que desde Mérida habíamos conducido.

Continúa aquí: Paseo por las ruinas de Uxmal

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Excursión a Chichén Itzá 1928

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