Capítulo 2
Viaje a Uxmal 1852. A dos leguas de Uayalquej (Uayalceh) se divisan dos palacios: es la hacienda Mukuyché. Empiezan las ruinas en Sacalum. Pasemos de largo, porque la lobreguez sombría de la noche nos pica muy de cerca la retaguardia, y echemos un sueño para no sentir el fastidio de las cuatro tremendas leguas que nos faltan para Sacalum.

Paran los carruajes en el centro de la dilatada y desierta plaza, y abriendo con sorpresa ¡tamaños ojos! nos encontramos rodeados de ruinas. ¿Qué es esto que sucede? ¿Hemos estado magnetizados? ¿De qué modo hemos llegado tan pronto a Uxmal?
Pero uno de nuestros compañeros volviendo en sí, recordó que había conocido estos terrenos en días poco bonancibles para la patria.
Ver también: Ruta del viaje de la Emperatriz Carlota a Yucatán 1865
Llegan a Sacalum
¡Si eres Sacalum! exclamó. Palenque de gloriosas fazañas del impávido Pablo Antonio. De aquel González que no hacia fo a los peligros que lo cercaban, y que iba a Ticul sitiado por mas de cuarenta mil canallas, y que volvía a sus reales sin temor a Dios ni al diablo.
¡Ea, Sacalum, válgame Dios, y que aseada y provista estás de cuanto el Señor crió! ¡Bendígate Dios, y qué hermosa y qué garrida estás! ¡ Viva la gallina y aunque sea con su pepita!
Tenemos sed
Concluido este apóstrofe, gritamos todos: ¡ Sed tenemos!
Busquemos una alma piadosa que cumpla una obra de misericordia. Empiezan las ruinas en Sacalum. Registramos en vano todo el pueblo, y cuando ya desesperábamos de nuestra pesquisa, divisamos en lontananza un cuerpo que se interponía entre nosotros y la pálida luz del mas raquítico farol.
Tomamos por norte la mezquina claridad, y al llegar a su origen ¡qué habíamos de ver! al rollizo cura que casi cubría la puerta de la tienda!
Aquí exclamamos: ¡TRAS UNA NUBE UNA ESTRELLA! Apagamos nuestra sed, y campo sobre la marcha, dijimos: a Ticul!
Llegamos a Ticul
Solo a las doce de una noche oscura, negra como la boca de un lobo, se puede entrar en Ticul sin sentir una conmoción dolorosa. Porque al pisar las ruinas de la en otro tiempo populosa y pintoresca villa, bastante se deja conocer que puede muy bien decir:
Ayer maravilla fui
y hoy ni sombra mía soy.
Necesitamos descansar
Luego que nos apeamos de los tabernáculos volantes, nuestra primera diligencia fue pepenar alguna pocilga, así para dar descanso a nuestros desencuadernados talles.
Como para evitar que la aurora, con sus flamígeros rayos, viniese a alumbrar aquel calamitoso panorama que haría renacer en nuestros acribillados corazones las lacrimosas ideas que pocas horas antes nos habían aturrullado en Sacalum. Empiezan las ruinas en Sacalum. Por otra parte, no nos venia muy apelo, puesto que queríamos entregarnos con sosiego en los brazos de Morfeo.
Este propósito no lo realizamos sino con alguna dificultad, por ser la hora menos adecuada para encontrar despabilado algún bicho viviente que pudiese endilgarnos a un asilo que no estuviese arruinado ni pulgoso. No obstante, tomamos la calle mas ancha. Y a tientas y a ciegas, y sin decir hospite in salutato, com… com … com… Golpeamos a la primera puerta con que nos dimos de hocico.
¿Quién va allá? preguntó una voz gruñona que salía de un cuerpo dormido.
Abra usted, es el Sr. general en jefe con todo su estado mayor, contestamos, persuadidos de que era el medio mas seguro de que nos diesen puerta. Y para que no dudasen de nuestra treta o socaliña, hicimos cascabelear aquella nuestra susodicha espada, que a decir verdad, en esto y en abrir un queso, fueron las dos únicas campañas en que la vimos blandir.
¡Y Cuántas como esta habrá
Que no tengan mas hazañas,
Y en los partes de campañas
Mil laureadas se les da!
A dormir
El resultado de todo fue, que nos proporcionaron una buena posada, con su correspondiente guardia de honor, lo que hará caer en la cuenta al lector menos perspicaz, que después de tantas idas y venidas, dormimos en el cuartel.
Pero como para dormir lo que mas se necesita es sueño, y lo teníamos. Pronto nos convertimos en lirones. El deseo de pasear la población nos hizo despertar bien de madrugada, a eso de las nueve, que nos pusimos en la calle con todas las precauciones necesarias para no ser atropellados de un cerril constipado.
Calles y casas en Ticul
Ya estamos en las anchas y bien delineadas calles de Ticul, hermosa población, trazada con buen gusto y fabricada con esmero, sobre un extenso llano que es el pintoresco valle de la cordillera de montes que la cercan.
«Las que fueron ayer medias naranjas,
Míralas, Tirabeque, ahora son zanjas.»
Unas casas sin ventanas. Otras sin éstas ni puertas. Aquellas sin techumbre. Las mas en mamotreto y en embrión. Por todas partes escombros, y todo el puebla en fin, completamente desmantelado y a pique de zozobrar.
¿Qué dirá de esto nuestro paternal gobierno y todos los patriarcales que le han precedido desde cierta fecha acá, con sus leyes orgánicas, sustracción de obediencia, oleada de 28 de octubre; huracán, de ocho de diciembre. Sangrienta polvadera en Valladolid. Triunfo adquirido sin vencedores ni vencidos. Trasbordamiento del ejecutivo a las playas, por si fortis. Zarandajas de 28 de febrero con sus carreritas en pelo. Abrazos y besitos. Empiezan las ruinas en Sacalum. Bullebulle del 6 de octubre con su triunvirato y sombrero al tres. Peloteras y rebotes de armas. S. E. diciendo, paso el dado para que no me reviente en la mano;» Convenciones y farsas indígenas, y después:
de tanto y tanto,
ha costado al país
tanto mas cuanto.
El caso es que Ticul, hueco de gente, convertido en tunkul, no ha vuelto en sí de susto. Pero tuvo la honra y prez de que la asamblea de notables, memorables, honorables, la hiciese villa, para que luego vinieran los indios a hacerla carambola, según expresión de un astuto ticuleño.

Rifosos frizones en Ticul
A pesar de las terríficas ideas que se nos agolpaban al magin al contemplar el bello cuadro, efecto diabólico de las dulces pasiones de nuestros prohombres, nos ocurrió que podíamos pasar un rato entretenidos, ojeando los rezagos de las lindas mozas y rifosos frizones de que tanta fama ha tenido Ticul.
Para ver a las tales mozas anduvimos de Herodes a Pilatos. ¿Y las vimos? Ni una. ¡Que Dios las tenga en su eterno descanso! Sin duda andan escondidas entre los escombros de su arruinada patria. ¡Cosas del mundo! Mientas la viuda llora, otros bailan en la boda. Tras del día viene la noche, y vive cien años y verás desengaños.
Ya que no quedan bellas zagalas, ¿Habrá siquiera algún poco de semilla de la buena raza de bucéfalos con que en otro tiempo se enorgullecieron estos andurriales? preguntamos a un amigo. Sí, vamos verán ustedes los elegantes rocines del Sr. D. Felipe Peón.
En efecto, nos encontramos con diez y ocho hermosos bridones (caballos ensillados) de ambos sexos, atados al potro, todos de las mejores condiciones, según el respetable voto de uno de nosotros, muy hábil en el arte de Albéitar (curar animales).
Graciosos nombres de los animales
Los otros tres, podemos decir que el Cid no tuvo el gusto de apretar los hijares a animales mas robustos. Ni las elegantes muchachas y muchachos de Mérida llevan nombres tan bonitos como aquellas bestias que, entre otros, llevan los de la Malebranche, la Fanisley, el Jorge Sand, y el general Sccotix. Empiezan las ruinas en Sacalum. Sobre todo, lo que nos hizo reír, fue saber que un macho raquítico, jorobado y tuerto, que a la sazón daba vuelta a la noria, se llamase el padre Cabuchini!!
¿Os acordáis de este lechuguino de bonete, amigo de Rodin? Pues al corriente.
Cansados de triscar como unos cabritos, y habiendo llegado la hora de comer (si almorzamos o no, lo ignoramos) nos encaminamos a llenar tan sagrado deber de conciencia, lo cual fecho, levamos ancla a las cinco de la tarde del día 19, dirigiendo nuestros tílburis a la hacienda San José, llevando tras de nosotros cuatro capones galopines, que para seguir de esta hacienda a Uxmal, nos proporcionaron nuestros amables amigos Fajardo, Espejo y Medina, a quienes repetimos aquí las gracias por sus muchos favores.
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