Visita del General Porfirio Díaz a Yucatán en Febrero de 1906 (6/6)

Vals de Arditi en la velada en la Hacienda Sodzil (6/6)

Las sillas para los invitados, quienes deben haber sido cerca de dos mil, estaban diseminados con perfecto orden por las calzadas y plazoletas. Vals de Arditi en la velada en la Hacienda Sodzil.

El programa fue superior a los que podíamos esperar; el señor D. José Patrón Correa pronunció un breve, hermoso y elocuente discurso, y el laureado poeta yucateco Don José Peón Contreras, una bella composición en verso alusiva al viaje presidencial. Don José I. Novelo, leyó una poesía histórica, inspirada y bien escrita, y por último, el Lic. D. Justo Sierra, con su grandilocuencia reconocida y arrebatadora, dejó oir su sonora voz, pronunciando un discurso muy original.

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Vals de Arditi

Alternados con estos números literarios, hubo otros musicales, que mucho agradaron también. De éstos, mencionaremos las partes de canto que tuvo a su cargo la joven soprano mexicana Elena Marín, quien regresa de Europa a donde estuvo pensionada perfeccionando sus estudios.

Nuestra joven artista, a quien sin duda escuchara en breve el público metropolitano, es de hermosa y atrayente figura, modesta sin afectación, de mirada lánguida y gentil desenvoltura. Su voz lozana, fresca y vigorosa, tiene ritmos y cadencias de una delicadeza y sentimiento que arroba y su alma es una alma de artista.

En un vals de Arditi y los “Mosqueteros grises” de Pérez Cabrero, nos mostró su apacible manera de vocalizar, encantándonos con sus trinos y gorjeos de una dulzura y melancolía emocionantes.

Terminada la ejecución del programa, la selecta concurrencia de aquella fiesta, que tan brillantemente cerró la serie, recorrió el jardín, admirando su magnificencia. Antes de retornar a Mérida el señor Molina, quien con su honorable familia hizo exquisitamente los honores de la casa, obsequió a sus invitados con suculento lunch.

Eran las tres de la mañana del día 9, cuando de vuelta estábamos en Mérida.

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El regreso

Dicho día, poco antes de las nueve de la mañana partió para Progreso el tren presidencial. El señor Gobernador y los miembros de las comisiones, acompañaron al distinguido visitante hasta a bordo del “First Bismarck”, primero, donde se dió un banquete en honor del General Díaz, y después a embarcarse en el “Bravo”, que lo condujo a Veracruz.

La travesía de vuelta se hizo con toda felicidad, pasando todos los viajeros ratos verdaderamente entretenidos. Los mareados fueron menos que a la ida.

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Y aquí pongo punto final a esta líneas que vanidosamente tienen la pretensión de querer informar a los lectores de “El Tiempo Ilustrado”, de lo que fue el viaje presidencial a Yucatán. Bien sé que no lo lograrán, y que la culpa es de mis escasas aptitudes y mi mal cortada pluma, más ya que así es, hágalo en vez de la mía, la labor artística de nuestro fotógrafo. No vea el lector en ellas, sino la buena voluntad que, como a servidores suyos, nos animó a ambos dos para cumplir con nuestro deber. Agustín Agüeros.

 

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