El Monumento a la Patria en el Paseo de Montejo I

El Monumento a la Patria en el Paseo de Montejo I

Entrevista al Escultor Rómulo Rozo Peña, DY Abril de 1956. El Monumento a la Patria en el Paseo de Montejo. Rómulo Rozo ha dado cima a la extraordinaria obra después de once años de vencer mil y una dificultades materiales, humanas y políticas. El ilustre escultor colombiano explica el alto y hondo, ancho y largo significado histórico del magno homenaje a México, esculpido piedra a piedra de sol a sol.

El Monumento

Consta de un hemiciclo central, encerrado entre dos rampas, una escalera y una fuente.

Las rampas y la escalera se encuentran en la fachada sur, la que mira al Paseo de Montejo. La fuente está en la cara norte, la que mira hacia Progreso.

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En el hemiciclo está esculpida la historia de México. Su cara sur se compone de tres secciones: La parte central es un grupo de piedra que representa a la Patria. El ala oriental, la que mira al Arzobispado, tiene, tallados en la piedra, a los principales personajes de la Colonia y la Independencia. En el ala occidental, la que está al frente del Colegio Teresiano, contiene las figuras de la Reforma, la Revolución y los tiempos modernos.

La cara norte del hemiciclo, la cóncava, se compone así mismo de tres secciones: la central es un grupo de piedra que simboliza el nacimiento de la Civilización Maya; en las alas laterales están figuras y personajes de los tiempos antiguos, el Descubrimiento y la Conquista.

En la fuente se encuentra un grupo de piedra que simboliza la fundación de la Gran Tenochtitlán, origen de la cultura mexicana.

Por último, dos jardines y una escarpa complementa el Monumento a la Patria en el Paseo de Montejo.



Significado del Monumento

Como José Antonio Primo de Rivera, el escultor sabe que el separatismo, síntoma de decadencia, surge cuando se olvida que patria significa misión. El monumento, “primer altar que se levanta a la nacionalidad en México y el Continente Americano”. Tiene una misión, pregona el mensaje que Rozo ha querido significar en la piedra: “He levantado en Mérida el primer altar a la Patria para borrar del espíritu nacional las ideas sobre el separatismo yucateco… La patria es de todos y para todos“.

El fuego simbólico

A la entrada de las rampas laterales se alzan en forma de pebeteros y mirando al norte, las cuatro divinidades mayas, los cuatro Balames que desde el cielo fecundan la naturaleza, y que aquí en la tierra sostienen en alto los vasos sagrados donde arderá en los días de fiesta el fuego simbólico. Dos pebeteros similares flanquean en la fachada sur, la que mira al Paseo de Montejo, la escalera monumental.



El Monumento a la Eternidad

“El buen fidalgo”, rima el Romancero, “de tierra ajena hace patria”. Rómulo no puede volver a Colombia (por la tiranía que oprimía al gran pueblo sudamericano en esa época) y adopta a Yucatán. “Lo quiero por la fe que ha depositado en mí… lo considero la sepultura más gloriosa que pueda soñar un escultor”. Admirado ante la majestuosidad de los edificios mayas, Rómulo tuvo la ambición de hacer algo grande por Yucatán.

Sin embargo, había un tropiezo inicial, un problema “luminoso”: el sol yucateco, deslumbrante, fulgurante, mata el claroscuro de la arquitectura y escultura en piedra. Los mayas resolvieron el problema. Rómulo también.



Bajo sol o sombra el espectador puede admirar hoy, a cualquier hora del día, los relieves del Monumento: Rozo oscureció los fondos del relieve con un color pátina, una “pátina siena” que con resultados eternos imprimió a la piedra, a fuerza de cáusticos, grasas y soplete. Sólo por esto, también por esto, “El Monumento a la Eternidad”, como lo llamaban los bromistas, ha resultado “Un Monumento a la Eternidad“.

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