Viaje a Uxmal 1852

A continuación encontrará la transcripción de una interesante crónica de un viaje desde la ciudad de Mérida hasta las ruinas de Uxmal en 1852, esto así, hace más de 174 años. El paso por las diferentes hacienda y poblados. Las personas con las que interactuaron estos cuatro jóvenes aventureros. A mi, como explorador polar, caminante de ciudades, pueblos y haciendas, esta historia me interesó mucho. Esta transcripción consta de siete partes, a continuación la primera.

CP Humberto Sánchez Baquedano, Junio de 2026

Prólogo

La curiosidad de visitar las ruinas de los mas importantes monumentos de la antigüedad que existen en nuestro país, hervía en nosotros mucho antes que el Barón Friedrichsthal, Waldek, Norman y Stephens, llamasen la atención del mundo civilizado con las relaciones de sus viajes a Yucatán.

Viaje a Uxmal 1852
La pirámide del Adivino en Uxmal a finales del Siglo XIX.
   

Aunque en estilo fabuloso oímos en nuestra infancia hablar de los soberbios palacios de Chichén Itzá, Uxmal etc. y en las pinturas que nos hacían nuestras ayas (niñeras) y abuelas, se mezclaban horribles consejos que la imaginación fantástica de Hoffman no hubiera inventado para llenarnos de pavor y espanto, no por eso dejamos de sentir vehementes impulsos de acercarnos a aquellos lugares, bien que solo dispuestos a verificarlo cuando el astro del día estuviese a la mitad de su carrera, puesto que las viejas nos aseguraban, que a esta hora no había temor de que las almas piadosas que los invadieran, pudiesen ser presa de los brujos que, a cubierto de las sombras, tenían la manía de descolgarse de los edificios para saciar su desordenado apetito.

Planeación

Mas tarde, pues, cuando ya para nosotros había pasado el tiempo de hacernos impresión los cuentos de las hadas, y cuando por otra parte podíamos de nuestra cuenta y riesgo andar de meca en ceca, nos propusimos satisfacer aquella curiosidad. Pero luego se presentaron graves inconvenientes, y tras de unos, otros, y cada vez mayores. De suerte que hasta el presente mes de mayo del año del Señor de 1852, no nos fue posible formalizar nuestro viaje a las ruinas de Uxmal, punto a donde de preferencia resolvimos dirigirnos.

   

Para el efecto invitamos a otros amigos, y muy contentos llegamos a contar el número de doce jóvenes, capaces todos con su buen humor de disipar el tedio y fastidio que producen los largos y molestosos caminos, tales como los que íbamos a pasar. Además de que una caravana tan respetable, en un caso que con fundamento se nos quiso hacer temer por hombres de seso, hubiera sido suficiente para no dejarnos desplumar, con triste resignación cristiana, de la brutal mano del salvaje que tuviese la temeridad de asaltarnos en nuestro oficio de anticuarios aficionados.

Se fueron arrepintiendo

Fijado el 17 de este mes para la partida, tuvimos el profundo sentimiento los cuatro amigos que esto escribimos, de vernos reducidos a tan corto número por los motivos que el indulgente lector encontrará concienzudamente expuestos en el primer capítulo de la relación de nuestro viaje, el cual emprendimos aquel día, bien provistos así de utilísimas y muy finas cartas de recomendación debidas a la caballerosidad de nuestro respetable amigo, el Sr. D. José María Peón, como de abundantes municiones de boca y guerra.

   

Al resolvernos, temerariamente si se quiere, por lo muy nuevos que somos en el oficio, a dar a la estampa el resultado de nuestro viaje, perdónenos nuestros amables lectores el que seamos un tanto difusos sobre ciertos particulares, pues nos ha parecido preciso para desvanecer las inexactitudes y errores garrafales en que los preambuladores Waldek y Norman han incurrido, quienes son causa en gran parte de que aún muchos de nuestros compatriotas no sepan de la misa la media, lo que no les toleramos, teniendo al otro lado la fuente de la verdad. Viaje a Uxmal 1852.

Pero ya se ve, así como la incuria de la mayoría de nuestros paisanos es el origen de la casi completa destrucción de los antiguos monumentos que existen entre nosotros, así también su punible y fría indiferencia lo es de la ignorancia en que están de las preciosidades de nuestro suelo, preciosidades que hemos debido conocer palmo a palmo, sin esperar que la idea nos la hubiese sugerido algún extranjero.

Una historia sobre su viaje

¡Ojalá que esta nuestra obrita, que modesta y cordialmente ofrecemos a nuestros compatriotas, sea el principio de una historia formal sobre nuestras antigüedades!

   

Si en nuestros humildes trabajos faltase aquel hermoso estilo con que se ha hablado de los templos y pirámides de Karnak y Memphis en Egipto, del Herculano y de Pompeya, del Coliseo romano, de la antigua magnificencia de Atenas. Viaje a Uxmal 1852. Y si además, no supiésemos admirar con patéticas Salves, como Volney a la soberbia Palmira, considere el benévolo lector que este es nuestro debut, y que para que nos sea perdonado, en lugar de salves a secas, entonamos: Dios te salve, querido lector, de este laberinto, donde, en cambio de poéticas descripciones, hallarás la verdad monda y bironda del viaje de cuatro amigos á Uxmal.

Mérida, mayo 24 de 1852.

Continúa aquí: La salida a Uayalceh

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