Fray Estanislao Carrillo

El recuerdo de aquellos hombres que en su peregrinación sobre la tierra admiraron con su saber y sus virtudes, es sin duda un recuerdo grato y un tributo justo que debe pagarse a su memoria: pero cuando además de aquellas brillantes cualidades reunieron alguna vez el de padre y protector benéfico, entonces ese recuerdo es mas que grato, y el deber de nunca olvidar sus nombres, es mas que justo, es sagrado; y el que lo infringe sin escuchar la voz de su corazón, es un miserable y en todas partes debe mirarsele por las gentes como infame. De La Guirnalda, 1861. A la memoria del M. R. P. Fray Estanislao Carrillo.

Nosotros no hemos podido ahogar el grito de nuestras conciencias, hemos escuchado la voz de la gratitud, y ella nos dice que tenemos un deber que cumplir, una memoria que conservar y un nombre que debemos bendecir.

Fray Estanislao Carrillo
Daguerrotipo de fray Estanislao Carrillo

La guerra de castas que ha sembrado por todas partes fúnebres monumentos, que ha traido tantas desgracias que lamentar y que apenas nos ha dejado tiempo para reparar nuestros hogares, no nos ha permitido cumplir con ese deber; pero cuando nuestros males se han atenuado, ¿ por qué callar por mas tiempo?
Cese, pues, nuestro silencio y escúchese la voz de nuestros corazones.

   

¿Dónde nació el padre Estanislao Carrillo?

El pueblo de Teabo es un pueblo pobre y miserable, colocado al pie de una dilatada cordillera; apenas es visitado por los viajeros: huellas de sangre y de horror, he aquí no mas lo que se encuentra en esos lugares; y sin embargo, ese pueblo es un tesoro para los que cifran su orgullo y su contento en los hombres que han cubierto al país de eternas glorias.

   


El R.P. Fray Estanislao Carrillo nació en el pueblo de Teabo el 7 de mayo de 1798.
En los solitarios claustros del convento de esta villa que vemos hoy convertido en escombros, en esos lugares mansión de muchos hombres dignos ministros de Jesucristo, conocimos al padre Carrillo.

Retirado del mundo y de sus pompas, su corazón sin embargo era de sus amigos, y los pobres en medio de sus desgracias nunca salieron con desconsuelo de su humilde y miserable celda.


Ministro ilustre de la religión católica, todo su afán era instruir al pueblo en los dogmas purísimos de la moral evangélica; y en su espaciosa frente, en su mirada indagadora, todos reconocieron la luz hermosa de un talento claro.

   

Pastor de ovejas, su misión no se limitaba nada mas a conducirlas a la mansión eterna, la humanidad postrada en el lecho del dolor recibía también de sus manos la salud temporal del cuerpo.
¡Cuántas veces habremos visto a ese humilde sacerdote recoger en su pecho con caridad valiente el último suspiro de un moribundo, por quien había sacrificado su reposo, por quien había gastado sus monedas y por quien, en fin, había sufrido tantas vigilias!

Su tesoro

En el oscuro rincón de su convento se había formado un tesoro precioso de conocimientos, y cuando los acontecimientos políticos del país tronaban con faz amenazadora, él estudiaba, investigaba la historia antigua de su patria querida, cruzaba los montes, sacaba fuerzas de su misma debilidad, fijaba su morada en las ciudades antiguas de Uxmal, Nohpat y Kabah, interrogando a esos soberbios edificios quienes los habitaron, de dónde vinieron sus habitantes y a dónde fueron a parar.

El Palacio del Gobernador, Uxmal. Désiré Charnay

Su voz elocuente nunca resonó en las anchas bóvedas de un congreso: nunca su valiente pluma consagró laudatorias a favor de ningún principio, de ninguna idea y de ninguna persona, porque él había comprendido su misión, porque era pastor entre sus ovejas, porque no era lobo entre sus corderos : ¿ pero qué mas? él era caballero, era verdadero apóstol de Jesucristo, era hombre de saber y de virtudes, y todos miraban en él una lumbrera, y todos le amaban con su corazón y todos con respeto le veneraban.

   

El padre Carrillo, como los solitarios de la Tebaida, se había consagrado al bien de la humanidad entera: reliquia hermosa de la orden franciscana, sostenía con admirable heroísmo el buen nombre de los discípulos de San Francisco, que con abnegación de mártires sembraron en el país las saludables semillas del cristianismo. ¿ Y quién era capaz de negarle su cariño?

Las ruinas eran visitadas


Nadie: nobles y plebeyos, poderosos y mendigos. Todos le miraban como a padre y le tributaban sus respetos como a tal. Fray Estanislao Carrillo. Las majestuosas ruinas de nuestro suelo llaman la atención de los hombres del viejo mundo, y de todas partes llegan viajeros a saciar su curiosidad.

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Interrogan a los monumentos, y los monumentos nada les dicen: evocan las sombras de los antiguos yucatecos, y sus estuerzos son inútiles; pero el padre Carrillo que lo ha visto todo, que apenas le queda subterráneo que visitar, es una antorcha brillante que sirve al viajero en sus investigaciones.

Stephens y el padre Carrillo

Stephens (John Lloyd), el ilustre anticuario, ese viajero insigne que arrostrando toda clase de inconvenientes vino a honrar nuestra patria con su visita, conoce al padre Carrillo, admira sus conocimientos y por su medio arrojó una luz brillante sobre esos escombros de piedra y de tierra.

   

Llena las páginas de su obra con sublimes elogios al humilde franciscano: y conociendo que debe pagar un tributo al talento y a la ilustración, le obsequia con el diploma de miembro honorario de la sociedad histórica de Nueva York.

Los hombres grandes son como los meteoros y es tan repentina su aparición como su existencia parece que no tienen origen ni fin, brillan como el relámpago y su brillo es apenas momentáneo.


El padre Carrillo solo contaba cuarenta y ocho años, apenas empezaba su misión cuando la muerte corto el hilo de su preciosa existencia: pobre como debe ser el misionero de Cristo, pobre también murió. Fray Estanislao Carrillo. Todo lo había consagrado para sus feligreses y nada conservó para si. Todo lo había gastado para hacerles bien, cuando fue llamado á la vida eterna. El 21 de mayo de 1846 es un día de amarga memoria para esta villa.

   

¿Quién puede recordarlo sin amargura? Son las dos de la tarde, las campanas de la iglesia parroquial dejan escuchar un sonido grave, triste y lúgubre; las gentes concurren al convento, y el virtuoso párroco tendido en un ataúd es llorado por el huérfano, la viuda y el anciano.

¡Qué goce en el seno del Señor!

Varios vecinos de Ticul.
Octubre 10 de 1860.

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